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¡Sí llueve a gusto de los peques! … sobre todo si hay charcos

Nunca llueve a gusto de todos, pero sí a gusto de los peques… sobre todo si hay charcos

¡Gran verdad! “Nunca llueve a gusto de todos”… Muchas veces oigo decir a la gente que los días de otoño, lluviosos, no les gustan, les entristecen. En cambio, much@s otr@s,  les saben sacar buen partido también a estos días, buscando su lado más positivo, viéndolos como días mágico llenos de oportunidades, sobre todo si tienes pequeños… pues bien, yo soy de las que está en este grupo.

Al igual que mis hijos, siempre tengo una botas de agua y un impermeable a punto, para disfrutar del día de lluvia con ellos. Así que ya sabes,  mi consejo es que si detectas cualquier indicio de que al día siguiente va a llover, dejes preparado todo lo necesario para salir pitando hacia el primer charco, en cuanto salgan de cole!

Sin duda, tus hijos van a pasar a ser la envidia de muchos, desde el momento en que pisen el primer charco. Por su cara de entusiasmo, por la rapidez con la que se calzan las botas y por su expresión oculta:“Bien, mi madre me deja ensuciarme” … por todo esto y por el recharcoscuerdo que queda en tu retina, vale la pena, te lo aseguro. ¡Y es que, sólo se es niño una vez!

Ésta es una actividad que también realizamos con los alumnos de la escuela en la que trabajo. En los días de lluvia salimos fuera a jugar con la tierra mojada, pisamos el agua… en definitiva, vemos la lluvia y los charcos como una oportunidad de vivir experiencias y no como un obstáculo o un elemento negativo.

La lluvia nos ofrece una oportunidad fabulosa para experimentar con el agua y con sus propiedades

– Nos miramos en el reflejo del agua. Con el efecto espejo, vemos el cielo a nuestra espalda.

-Pisamos el charco con las botas de agua y rompemos nuestro reflejo en el agua calmada, para que después se vuelva a formar.

– Escuchamos el sonido del agua al pisarla, según la intensidad de la pisada suena de un modo u otro.

– Observamos el cambio de color del agua, cuando se mezcla con el barro.

– Lanzamos al agua: piedras, hojas, pequeños palos…

– Tomamos medidas de profundidad, clavando palos.

– También creamos tiempo de juego y experimentación con otros elementos que tengamos: palas, cubos, camiones… y recuerda que todo lo que surja de nuestra imaginación y creatividad será bienvenido.

Quiero terminar el post de hoy con una reflexión sobre el conocido refrán “Nunca llueve a gusto de todos”… queda claro que no, pero también es cierto que a un día de lluvia le podemos sacar mucho mejor partido si le buscamos el lado positivo y nos daremos cuenta que ¡Sí llueve a gusto de los peques, …sobre todo si hay charcos!

Carol

Foto cedida por Llar d’infants Estel (Gironella)

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